miércoles, 13 de junio de 2012

CANJE DE DIÁLOGO POR POSADA (cuento zen)


CANJE DE DIÁLOGO POR POSADA

(cuento zen)


A condición de que logre ganar una discusión sobre Buddhismo con aquellos que viven allí, cualquier monje vagante puede permanecer en un templo Zen. Si es derrotado debe irse.

En un templo en la parte norte del Japón dos hermanos monjes vivían juntos. El mayor era muy sabio, pero el joven era estúpido y tuerto.
Un monje vagante llegó y pidió posada.adecuadamente retándolos a un debate sobre la sublime enseñanza. El hermano mayor, cansado ese día de mucho estudiar, le dijo al menor que tomara su lugar. "Ve y pide el diálogo en silencio", le advirtió.
De modo que el joven monje y el extraño se fueron al santuario y se sentaron.
Poco después el viajero se levantó y fue al hermano mayor y le dijo_
"Su hermano menor es un tipo admirable. Me ha derrotado."
"Cuénteme el diálogo", dijo el monje mayor.
"Bueno", explicó el viajero, "primero yo le mostré un dedo que representaba al Buddha, el despierto. De modo que él mostró dos dedos, significando al Buddha y sus enseñanzas. Yo levanté tres dedos, en representación del Buddha, sus enseñanzas y sus seguidores, viviendo la vida armoniosa. Entonces el sacudió el puño en mi cara, indicando que todos los tres vienen de una sola concepción. De manera que ganó y no tengo derecho a permanecer aquí." Con esto el viajero partió.
"¿Dónde está ese tipo?", preguntó el joven corriendo hacia su hermano mayor.
"Entiendo que ganaste el debate."
"Que ganar ni que nada. Voy a golpearlo."
"Cuéntame cómo fue el tema del debate", pidió el hermano mayor.
"Bueno, pues tan pronto me vio, levantó un dedo, insultándome al mencionar que yo tenía un solo ojo. Como era un extraño, pensé ser cortes con con él, de modo que levanté dos dedos, para felicitarlo, pues tenía sus dos ojos. Entonces el maldito mal educado me mostró tres dedos, sugiriendo que entre los dos teníamos tres ojos. De modo que me enfurecí y levanté el puño para pegarle, pero salió corriendo y ese fue el final."

Del libro "Nada Sagrado", Oscar Todtmann Editores, páginas 40 y 41.